domingo, 26 de febrero de 2012

Un día del año

Despierto, mi mujer sigue dormida.  Voy al baño, cepillo mis dientes y camino a la cocina para preparar el café.  Me gusta que el café la espere cuando se levante.  En lo que la greca hierve me acuerdo del almanaque que está pegado por un imán a la nevera.  Es uno de esos en forma de libretita que todos los días se le arranca la página del día anterior.  Febrero 29.  Arranco el papelito.  Febrero 30.  Termino de preparar el café medio atolondrado.  Febrero 30.  Juego con la idea de que esto sea una broma.  La verdad no sé cómo llegó este calendario aquí ni quién lo trajo.  Mi mujer es muy dulce para hacerme una broma, será un error del fabricante.  Para darle paz a mi mente regreso al cuarto y busco mi celular.  Febrero 30.
Siento un cosquilleo nervioso en mi estómago.  Voy al cuartucho donde tenemos una improvisada oficina y enciendo la computadora que también registra el día como Febrero 30.  Me conecto al internet y subo las páginas de varios periódicos.  Febrero 30, Febrero 30, Febrero 30 y las mismas noticias violentas.  “¿Ya tomaste café?”, pregunta mi esposa a mis espaldas.  Niego con la cabeza.  Se acerca y me besa.  “Vente, me gusta tomar el café contigo”.  Camino detrás de ella a la cocina.  Me sirve café en mi taza favorita y se sirve ella en una taza que le traje de un viaje a Barcelona, allá para cuando éramos novios.  Ella toma el café como siempre, media dormida, sonriendo silentemente mientras me mira.  Usualmente yo hago lo mismo y tomamos el café distraídos el uno en el otro, pero hoy no puedo dejar de pensar en el almanaque que dice Febrero 30.  “¿Te pasa algo mi amor?”, me pregunta tocando mi mano.  “Nada, no dormí muy bien”, le respondo.  “Se está haciendo tarde, quieres que levante los nenes”.  “Está bien yo los levanto”.
Voy al cuarto de mis hijos.  Siempre nos coge la tarde y los levanto a son de cosquillas para que vayan a la escuela.  Los dos están durmiendo plácidamente en sus camas.  “A levantar, a levantar”, susurro haciéndoles cosquillas.  Los niños se despiertan riéndose y me abrazan.  “Bendición papi”.  “Dios los bendiga, vayan a desayunar y a bañarse para que no lleguen tarde a la escuela”, les digo llenándolos de besos.  Ellos se escapan de mi abrazo y salen corriendo del cuarto.  Los miro. 
Son mis hijos, huelen a mis hijos y ríen como mis hijos.  Mi mujer también es mi mujer.  Este es sólo un día cualquiera en el año, de los muchos que pasan sin que les prestemos atención.  Febrero 30.  ¿Será que cambiaron para siempre esa paradoja del año bisiesto y no me enteré?  ¿O será que estoy viviendo en otro tiempo?  Lo único que ha cambiado es una fecha.  Todo lo que me rodea sigue igual.  Salgo del cuarto de mis hijos para bañarme y salir a trabajar, es lo que se supone que haga.  Sólo una duda me aqueja.  Si es que éste es otro tiempo, quién le habrá hecho el café a mi mujer, a la de mi tiempo, y quién habrá despertado a mis hijos. 

10 comentarios:

  1. Un relato de buen fuelle argumental y ajustada narratividad, Melvin. Con un fondo reflexivo, y ese juego de espacio tiempo que seduce al le tor para dejarle pensando en la paradoja de los mundos paralelos.

    Muy buen trabajo, amigo.

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    1. Pedro, siempre me ha interesado esa paradoja de la duplicidad de tiempos, espacios y personas. ¡Gracias por tus comentarios! Un abrazo.

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  2. Inquietante. Lo cotidiano a veces da miedo. Tuve que mirar en el diccionario. Hay palabras que no conocía, por ejemplo greca (me gusta.
    Un saludo heleno

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    1. Mei lo más terrible de lo cotidiano es cuando nos preguntamos por qué es cotidiano... Yo conocí las grecas en el 2010, porque siempre he tomado el café hecho en una olla y colado. Ese año en la residencia de estudiantes un amigo lo preparaba en una greca y de ahí aprendí la palabra. Qué bueno que hayas encontrado algo nuevo en mi blog, esto se lo contaré a mi amigo Julio, el que prepara el café en la greca. Saludos.

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  3. Acabo de descubrir tu blog, y me encuentro con un muy buen relato (sobrio y de buena factura) de realidades paralelas. Excelente, te sigo.

    Saludos.

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    1. Bienvenido a la Taza, Javier, me alegro que te haya gustado el cuento, las realidades paralelas inquietan, ponen la cabeza a rodar. Espero seguir viéndote por aquí y ya descubrí tu blog, que me gustó mucho.

      Saludos.

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  4. Melvin:

    Coincidimos en el tema de los paralelismos, aunque con un trtamiento distinto. Buen punto lo del 30 de febrero... Esa tercera realidad.
    Un beso

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    1. Alejandra lo paralelo es hipnotizante, imagino que te gusta usarlo por las mismas razones que yo. Ese espacio de crear y jugar que ofrecen los mundos paralelos.

      Saludos!

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  5. En realidad, tu cuento me gusta mas que el del relojero que me mostraste por FB tiene un excelente ritmo y a pesar de tener un argumento sencillo tiene carisma. Felicidades.

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    1. Gracias Ángel, me alegro que te haya gustado, fue un poco de experimentación el Twilight Zone.

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