viernes, 16 de marzo de 2012

Mi casa


Decían muchos que la casa donde me crié estaba maldita.  La fama de dicha maldición llegó a ser nacional y varios periódicos y revistas cubrieron su historia después que muriera mi abuela, la última habitante de la mansión.  Hace años que no visito la casa y no deseo encontrarme con los vecinos que contaron haber escuchado gritos o ver en las ventanas algún izquierdista perseguido.  Hoy regreso a ella por los recuerdos.  La encuentro maltrecha, polvorienta y sí, reconozco que si alguien la viera por dentro pensaría que está maldecida pero no yo.  Tomo varias fotos para llevarme los recuerdos.  La pequeña cocina, las camas de pilares, el recibidor con hermosas pinturas, el cuarto familiar con fotos de todos los fallecidos, el piso de parquet, el estante de cristal donde mi abuela guardaba su vajilla con borde de oro y las copas Murano.  Al llegar a mi apartamento entro al cuarto oscuro y preparo las emulsiones para revelar las fotos.  Después de pasar la imagen de los negativos al papel comienza a aparecer la casa en mis fotos.  Noto que la cámara captó mi reflejo en el cristal del estante de los platos.  Cerca de mí está el reflejo de mamá sonriendo.  Aún sigue allí, tengo que seguir visitando mi casa, aunque los vecinos aseguren que está maldita.

8 comentarios:

  1. Cuando uno entiende los reflejos da igual que los demás lo consideren maldito o no ¿?

    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

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    1. David, las maldiciones son maldiciones dependiendo del cristal con que se miren.

      ¡Abrazos!

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  2. Los fantasmas propios nunca dan miedo. ¿O sí?

    Buen micro, Melvin. Un texto por el que el lector se desliza suavemente, aunque me voy a atrever a hacerte una sugerencia. No tengo otra forma de hacerlo que por aquí, dado que -aunque he intentado localizar tu e-mail en el perfil, no lo he logrado. Así que ahí va, espero que no te parezca mal.

    Si relees el texto, verás que repites "casa" tres veces en las primeras cuatro líneas. Esto, a mí, me ha frenado. Es como un camino de tierra que cruza una autopista y hace que al cruzarlo tu coche vibre.

    No es menos cierto que -a partir de ahí- uno resbala facilmente hasta el final.

    Un abrazo,

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    1. Pedro, no me parece mal, todo lo contrario, si no me haces la sugerencia jamás lo habría notado. Te lo agradezco mucho y si ves algo así en otro cuento avísame, no tengo problemas con que lo escribas en los comentarios.

      Busca en Google la historia de la Casa Matusita del Perú, de ahí tomé la inspiración para el relato.

      ¡Gracias y abrazos!

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  3. Melvin, hoy andamos de fantasmas... Me gusta...
    Besos.

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    1. Ay Alejandra no nos dejan en paz... o ¿seremos nosotros los que no los dejamos en paz a ellos?

      ¡Abrazos!

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  4. Interesante micro de fantasmas.

    Saludos.

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