lunes, 27 de agosto de 2012

NOTAZAS: El Post Antillano reseña En las montañas

 
 
      El periódico caribeño El Post Antillano publicó la primera reseña de En las montañas, en la sección titulada Página CeroAquí les dejo el enlace para que vean la reseña:
 
 
 
 
 
 
 
    
 

martes, 21 de agosto de 2012

NOTAZAS: En las montañas

    
     En las montañas ya tiene su versión impresa.  Esta versión incluye un mapa de Cerros Esmeralda (donde transcurren los cuentos), ilustraciones y una portada para cada cuento. 




     Después de ordenarlo, Lulu imprimirá tu libro en un período de 3 a 5 días y luego lo recibirás.  Allí también encontrarás un breve adelanto del libro.  Aquí comparto algunas de las portadas interiores:


El hombre que cortó a Manuel Tijeras, En las montañas

La madrina, En las montañas

El árbol bajo mis pupilas, En las montañas


domingo, 12 de agosto de 2012

NOTAZAS: Soy Olímpico


Alberto Mercado frente a su colección de memorabilia.

Las batallas más difíciles de los héroes de la antigua Grecia, no eran contra monstruos o ejércitos, sino contra sus propios miedos y contra el olvido.  Las leyendas de sus hazañas nos fueron legadas del mismo modo que nos fueron legados los Juegos Olímpicos.  En la era moderna, conviven con nosotros algunos olímpicos que también son leyenda, sus hazañas son míticas, más no son mitos, están ahí, en la historia para que no se olviden.
“Puerto Rico tiene memoria corta”, me asegura Alberto Mercado, una de esas leyendas olímpicas que quiere que su hazaña sea recordada por todos.  Los que vivieron allá para las décadas de 1970 y 1980, quizá lo recuerden, pero su historia no ha llegado a muchos de los jóvenes de hoy.
Alberto se puso los guantes de boxeo por vez primera, cuando tenía entre 12 a 13 años.  De la mano de Orlando Morales, un maestro de educación física, Alberto participó en un intercambio de boxeo entre los jóvenes del residencial Luis Muñoz Morales de Cayey, donde vivía, y los jóvenes de otras comunidades.  Allí categorizaron por estatura y realizaron peleas cobrando entre 15 y 20 centavos, para sacar fondos para una clase graduanda.  Alberto peleó contra el reconocido bailarín Stacey López, y le ganó. 
“Lo achoqué”, recuerda Alberto con algo de picardía en los ojos.  Cada vez que ve a López, en tono de broma lo invita a la revancha.
A través de ese intercambio de boxeo, Alberto conoció a Eugenio Guerra, pionero en el atletismo puertorriqueño, que promovía entonces la participación de los boricuas en diversos eventos.  Guerra lo convidó a participar de las Olimpiadas Jíbaras de la Vivienda, un evento en el que competían los deportistas de varios residenciales.  Durante un fin de semana, Alberto peleó tres veces y ganó todos sus combates por nocaut, terminando con la presea dorada en su categoría.
Alberto tenía sed de victoria, quería ser como su hermano que había competido en los Juegos Olímpicos de México 1968, y soñaba con ser campeón en el boxeo profesional.  Muchos torneos con igual éxito les siguieron a las Olimpiadas Jíbaras: las eliminatorias de los Juegos Centroamericanos de Panamá 1970, los de Medellín 1978, competencias de la marina de Estados Unidos, la Copa Navidad y la Copa Mundial de Boxeo.  Sólo perdió una pelea en un torneo en Belgrado, en la antigua Yugoslavia, aunque a su juicio, él ganó el combate. 
Para Alberto, estas competencias eran fogueos para llegar a los Juegos Panamericanos de San Juan 1979, el evento olímpico más grande que hasta entonces se había realizado en Puerto Rico, y uno de los más memorables en la historia de los juegos de América.  A los boxeadores los acuartelaron en Vieques para que se dedicaran de lleno a su entrenamiento.  Alberto recuerda sentir miedo y nerviosismo; en una encuesta de El nuevo día se esperaba que la única medalla de oro en boxeo fuera la suya.
Sin embargo, Alberto no peleó su último combate en las eliminatorias porque estaba enfermo y terminó en el Equipo B, que se suponía que ayudara a entrenar al Equipo A, el de los ganadores.  No se conformó, a la hora de los entrenamientos guanteó contra su oponente hasta que lo sacó de carrera y consiguió ser él quien representara a Puerto Rico.  La pelea por el oro fue dura y reñida, Alberto usó la técnica de “toma y no me des” para anotar puntos.  Finalmente derrotó a su oponente de República Dominicana, y la medalla de oro colgó de su cuello.  Los rotativos del País imprimieron cientos de veces su imagen de victoria, con una sonrisa complaciente y los brazos en alto.
Foto de la victoria de Alberto Mercado en los Panamericanos de 1979.
Después de unas Espartaquiadas en Rusia, Alberto pasó a trabajar al Comité Olímpico de Puerto Rico (COPUR), sin dejar atrás sus entrenamientos.  En el COPUR conoció a una figura legendaria del olimpismo puertorriqueño: don Germán Rieckehoff.  Don Germán, como se le conocía en Puerto Rico, no fue un deportista destacado; era abogado y se internó en el mundo del deporte hasta ser presidente del COPUR.  Era amado por unos y odiado por otros, como rememora Alberto; don Germán era conocido por su fuerte carácter, y acompañado de una boina y un bastón daba curso a sus ideas con el fin de fortalecer el olimpismo en Puerto Rico, y se enfrentaba con quien fuera con tal de conseguir su cometido.  Con sus atletas era otra historia, basta con ver las fotos en el Museo Olímpico de Puerto Rico (MOPUR), para notar el cariño en los ojos de don Germán cuando abrazaba a un atleta o le ponía una medalla.
“Era celoso con sus atletas, siempre nos quería tener bien y nos preguntaba si nos hacía falta algo”, relata Alberto.
Para entonces, las miradas de Alberto y don Germán estaban puestas en las Olimpiadas de 1980, cuya sede ganó Moscú, Rusia, sobre Los Ángeles, Estados Unidos.  En plena Guerra Fría, estas olimpiadas llegaron con su buena dosis de tensión.  El presidente Jimmy Carter anunció en un discurso que Estados Unidos boicotearía las olimpiadas porque la Unión Soviética había invadido Afganistán.  La orden presidencial prohibía que cualquier ciudadano estadounidense participara de las olimpiadas.  Carter también instó a todos los países democráticos a hacer lo mismo.  Por la situación colonial de Puerto Rico, los boricuas somos ciudadanos estadounidenses y eso significaba que arbitrariamente no tendríamos participación.
Pero Alberto y don Germán no iban a quedarse sin la participación.  Los demás atletas puertorriqueños aceptaron la orden presidencial y decidieron no ir.  Don Germán se acercó a Alberto y le comentó que él tenía posibilidades de ganar medalla, que si deseaba participar tendría apoyo.  Alberto aceptó y comenzó una tormenta política y mediática por el desafío a la orden. 
Lo llamaron comunista, vendepatria, machetero y muchas cosas más.  Fue criticado por otros atletas como Ralph Rodríguez y por hombres de política como el convicto Edison Misla Aldarondo, legislador en ese tiempo.  Ese año, el partido en el poder era el anexionista y Alberto recibió ofertas por parte del gobierno para que no participara.  Le ofrecieron una casa, un carro y dinero, pero él siguió insobornable. 
Según Alberto y don Germán, el problema de Afganistán con Rusia era de corte político, una esfera que debía ser separada del olimpismo.  Con la ayuda de Mario Vázquez, miembro de la ODEPA, Alberto salió para México y estuvo allí un mes antes de las olimpiadas.  Antes de partir de Puerto Rico, un extraño le preparó un cartel y se lo entregó en el aeropuerto, leía “Soy olímpico, no político”, y tenía dibujados los aros olímpicos.  Al día de hoy Alberto no sabe quién le entregó ese cartel, aunque desea saber la identidad de esa persona.  Muchos le dijeron en el aeropuerto “estás loco”, él les contestó “yo voy a representarte a ti y a tu hijo, y a tu familia”.  En México, el ex gobernador Luis A. Ferré le envió una carta y lo llamó pidiéndole que desistiera.  Alberto sólo decía que los políticos habían ensuciado el deporte.
Se le unieron en México sus compañeros boxeadores Jose Molina (“Papo” como le llama Alberto) y Luis Pizarro y partieron a Rusia.  Decenas de periodistas llegaron donde Alberto, el abanderado, su caso era notorio porque Puerto Rico, la colonia, estaba desafiando las órdenes del coloso del norte.  Países como Brasil, Argentina, Canadá y muchos otros, se habían unido al boicot, y se esperaba que Puerto Rico hubiese hecho lo mismo. 
Para el desfile de las naciones Puerto Rico desfiló con una bandera especial que tenía los aros olímpicos, simbolizando que el deporte estaba aparte de las barreras políticas.  Este gesto lo hicieron muchos países democráticos que participaron.  Alberto relata que le hubiese gustado desfilar con la monoestrellada y que incluso tuvo una breve discusión con don Germán por ese asunto.  Años después, en una entrevista radial, las lágrimas saltaron de los ojos de don Germán y él dijo que de lo único que se arrepentía en su vida era que la monoestrellada no desfilara en las Olimpiadas de 1980.
Desfile de las naciones
La pelea de Alberto en Moscú duró apenas 30 segundos.  Peleaba con otro de los favoritos a ganar medalla, el dominicano Gilberto Román, y en un golpe de cabezas Alberto quedó herido y pararon la pelea.  A su regreso al hotel, la asociación puertorriqueña ATROPICO le esperaba con el reconocimiento de un campeón.
“Don Germán me dijo: ‘tú no sabes lo que has hecho, olvídate de la derrota, vas a salir a la luz pública más tarde”, recuerda Alberto.
A su regreso, lo recibió su familia y un grupo de personas que lo apoyaban.  Hubo un grupo que madrugó y se dieron a la tarea de recibirlo como un traidor, algunos le gritaron que se fuera a vivir a Rusia o a Cuba.
La política, o mejor dicho la politiquería, marcó desde entonces el nombre de Alberto.  El gobierno de Carlos Romero Barceló canceló los fondos a los atletas y con ello naufragaron los planes de los Juegos Centroamericanos de Mayagüez 1982.  Don Germán quedó como un comunista, más aún después que recogiera dinero para mandar atletas a los Juegos Centroamericanos de 1982, que se movieron a la Habana, Cuba.  La movida se llamó “el limosnero olímpico” y sirvió para comenzar lo que es hoy el Albergue Olímpico.  Cuando llegaron las Olimpiadas de Los Ángeles 1984, don Germán envió una delegación, continuando con su creencia de no mezclar la política con el deporte. 
Don Germán con su edecán en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980
Después de 1980, Alberto se dedicó al profesionalismo, firmado por Jimmy Jacobs.  Según él se descuidó y terminó su carrera profesional sin dinero, enfermo y sin ayuda.  Su alegría son sus tres hijos y sus cuatro nietos que viven en Estados Unidos.  Hoy vive en una pequeña casa, escasa de muebles, en Cayey, y relata que vive la dura, incluso ha llegado a acostarse sin comer.  Las entrevistas que le hacen a veces no le satisfacen, porque entiende que es espinosa su historia para las sensibilidades políticas de la mayoría.
A los boxeadores que están comenzando les dice: “aparte de boxear, tomen más en serio los estudios que el boxeo, el deporte no es seguro, se van a encontrar personas hipócritas que están viendo en ustedes un signo de dólar.  Cuando no puedan seguir los van a echar para el lado”.
Se podría decir que la historia le ha dado la razón a Alberto, no las condiciones de vida ideales, pero sí la razón.  Hace unos días visitó el MOPUR y varios visitantes se sorprendieron al verlo, le agradecieron su gesta y hubo uno que dijo: “es un honor estrechar su mano”.  Ese día yo estuve allí como testigo.  Durante mi trabajo como guía en el MOPUR, le relato una y otra vez a la gente la historia de Alberto.  Se quedan absortos, no pueden creer que incluso Estados Unidos tenga su participación en los Juegos Olímpicos interrumpida y que la participación de Puerto Rico esté intacta.
En su gesta, Alberto y don Germán, declararon a Puerto Rico como una nación deportiva.  Internacionalmente esto le consiguió muchísimo respeto a Puerto Rico, tanto así que en 1983 el COPUR recibió la Copa Olímpica.
Alberto se consideró y se sigue considerando un olímpico, no un político.  Desea que su historia sea recordada, que haya más ayudas para los atletas nacientes y para los retirados.  Él no ganó la medalla olímpica que deseaba, pero asegura que vive en paz porque luchó por su dignidad.  Tuvo grandes batallas con otros boxeadores y con políticos, la más grande fue por sobrevivir esos ataques, y no los venció guanteando, los venció con su tesón, su dedicación y su compromiso por representar a Puerto Rico.  Su hazaña lo convirtió en una leyenda, y las leyendas siempre deben ser recordadas.

miércoles, 8 de agosto de 2012

NOTAZAS: Un relato de obsesión

     El blog Marlyn Cé, ha sido un descubrimiento muy grato en estas horas.  Allí están publicando un intercambio de relatos guiados por tema que me han dejado salivando y pegado a la pantalla de mi ordenador.  Bueno, algo así como obsesionado, que es el tema del relato que compartiré aquí.


jueves, 2 de agosto de 2012

NOTAZAS: En las montañas

Ya está disponible mi libro En las montañas, en su versión digital.  Pueden descargarlo a sus móviles iPhone, Android, Blackberry, Windows Phone; a plataformas como el iPad; o a ordenadores MAC y PC, usando la aplicación gratuita de Kindle.



     Los cuentos de En las montañas, se nos muestran como una lectura alrededor del tiempo, desde el Puerto Rico actual hasta el de 1940, situados en los hogares, los negocios y los caminos del barrio Cerros Esmeralda. Es un espacio mítico, ambiguo y abrumadoramente familiar que alberga historias sobre la realidad del espíritu humano: una familia debate que una presencia sobrenatural habita en su casa; un hombre muy temido regresa al barrio después de haber desaparecido; y una chica se convierte en la novia del nuevo muchacho en la escuela, entre otros relatos.
     A través de los personajes conocemos la vida de la gente de la montaña y cómo han vivido la historia aquellos que la han escrito con su existencia. Con ironía y catarsis, En las montañas explora las complejidades del poder, el miedo, la fe, los lazos familiares y el amor.


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