miércoles, 31 de octubre de 2012

Juegos Infantiles, por Josué Santiago de la Cruz


     Cansados de matar lagartijas con alfileres y exterminar colonias enteras de hormigas tirándoles agua hirviendo, a mi hermana y a mí nos dio por jugar a los fantasmas para asustar a los viejitos de la vecindad, a los que de repente se los encontraban muertos en sus habitaciones, en los retretes, en los grifos públicos o simplemente a la vera de los caminos con los ojos desorbitados.
Nuestro padre era sepulturero y todas las noches regresaba al hogar extenuado, con un bollo de pan debajo de los sobacos que nosotros acompañábamos con chocolate caliente antes de irnos a la cama.
Una noche, después de buscar sin éxito un carcamal para aterrorizarlo, decidimos tomar un atajo para llegar a la casa antes del toque de queda al estábamos sometidos.
Allá lejos vimos la silueta de un hombre que avanzaba por la oscura calleja. Nos escondimos en la maleza y cuando lo tuvimos a tiro saltamos al camino, imitando la queja de las ánimas en pena.
      A partir de entonces tomamos el chocolate a secas y nos acostamos tarde.

2 comentarios:

  1. Es excelente, Melvin. Algo previsible para los adictos al género, pero no por ello menos excelente.

    Un abrazo,

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    1. Gracias Pedro, el crédito va al compañero Josué Santiago de la Cruz que quiso compartirlo.

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