domingo, 4 de noviembre de 2012

Un día antes...


Mañana mucha gente saldrá a votar por diversas razones (ideales, fanatismo, para castigar, para conseguir un trabajo o para retenerlo).  Al final del día uno será nombrado ganador y se dispararán las caravanas y las celebraciones, como el final de un gran reality show.  Hoy, un día antes, quiero que pensemos varias cosas.
La experiencia que me ha dado entrevistar a varios políticos me ha enseñado algo: son gente como tú y como yo, que vacilan en los pasillos, siguen el último chisme de farándula y que, aunque nos cueste creerlo, tienen madres que los quieren e hijos que los aman.  Los políticos también pueden ser seducidos por el poder, pueden responder a empresas u organizaciones criminales, y en las islas que son sus oficinas y mansiones de lujo, pueden olvidar que hay gente que no vive tan bien como ellos.
 Que cada cual vote por su candidato favorito, pero hagámoslo dándoles a los candidatos el beneficio de la duda, no vengamos a hacer demonios de unos ni beatos de otros, que para beato ya tenemos a Charlie.  No le creamos del todo el cuento de cambio, progreso y más de todo que todos repiten.
Es de ilusos pensar que Puerto Rico será un mejor país el miércoles después de las elecciones, o que será mejor en enero o de aquí a cuatro años.  Porque Puerto Rico no es Fortuño ni García Padilla, Puerto Rico somos nosotros, y no mejorará hasta que nosotros mejoremos.  Mejoraremos como país cuando aprendamos a ser ecuánimes, a valorar lo bueno que hace el otro y a reconocerlo a viva voz (no con las muelas de atrás).  Puerto Rico mejorará cuando no nos concentremos en la guachafita superficial que nos separa, y empecemos a reconocer las cosas que queremos en común y la forma de conseguirlas. 
Empecemos deseándole lo mejor al candidato que resulte favorecido y deseando que nos sorprenda, sea nuestro favorito o no.  Quien le desee mal le desea mal a Puerto Rico, a los suyos y a sí mismo, y eso es ser egoísta, tener una actitud infantil y estúpida, como si importara más la caravana de victoria que los cuatro años que se avecinan.  Y no empecemos con el "permita Dios y pase esto y aquello", que el nombre de Dios no debe andar enredado entre tanto odio.
Más que nada, empecemos por respetar a la gente que nos rodea.  Ganes o pierdas, que la política y los candidatos no se conviertan en causa para la discordia.  Porque la gente que nos rodea, por diferentes que sean sus convicciones, siempre están ahí para uno, mientras que los políticos una vez juramenten sólo estarán disponibles con cita previa como mucho.
Esa vecina a la que quieres restregarle el triunfo en la cara, es la misma que te lleva un bowl con pavo todos los días de Acción de Gracias.  Ese compañero de trabajo que no te quieres encontrar porque estará hablando de que ganó, es el que te jumpió el carro cuando se te quedó sin batería.  Ese amigo del que te burlarás porque perdió, es el que siempre te visita cuando te da la monga.  Esa prima a la que le quieres guayar el carro para arruinarle la celebración, es la misma que a pesar de estar pelá, compra todas las rifas que vende tu hijo para su clase graduanda.
Esperemos que lo que suceda traiga bien a Puerto Rico.  Y si no, siempre nos queda la sabia esperanza que dice “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.

3 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Melvin. Vengo de un país en el que votar, además de un derecho, es un deber.

    Un abrazo,

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    1. Muy cierto Pedro, me siento feliz de que el mensaje haya llegado a mucha gente.

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  2. Muy atinada raflexión para un día antes. Gracias.

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