miércoles, 26 de junio de 2013

Despedida



Ya se acerca la despedida de año, por eso te tienes que ir, es lo mejor.  ¡Ay Dios no puedo!  Tengo miedo.  No, no, vamos Camila piensa, cálmate, no tengo miedo, tengo que hacerlo.  Donde están los espejuelos.  Aquí.  La carta.  Es lo mejor que pude escribir.  Dóblala y déjala en la mesa, que cualquiera de las muchachas del hospedaje la va encontrar.  Sí, se acabó, no la voy a leer más.    Algo malo va a pasar.  Lo han dicho en la televisión y en la radio.  ¿Pero qué será?  Todos los días dicen algo diferente.  Tiene que ser verdad.  Es verdad.
Yo no creo mucho en los mentalistas ni en los adivinos, pero Cristina Andrómeda dijo que el fin del mundo va a venir cuando se acabe este año.  Y los otros dijeron lo mismo y todos usan diferentes métodos para predecir.  Ese programa me asustó, no debía haberlo visto.  Eso no importa, tranquilízate, me tengo que tranquilizar, es bueno que lo haya visto porque si no, estuviera como el resto de la gente sin preocuparme.  Aunque a lo mejor se preocupan y no lo dicen porque no quieren saber más, o que la gente los relaje o les digan que están locos.
Loco está el que no haga nada con lo que presentaron en el programa de las predicciones del Hercólobus y Nostradamus.  Que el mundo se va inundar, que van a pasar desastres y que mucha gente va a morir.  Después dizque va a venir un mundo florido.  Eso no lo creo.  Todas las cosas que contó el pastor, tanta gente que va terminar en el infierno.  El Diablo no me a llevar, Dios sabe que esto vale la pena.  Por eso estoy dejando todo listo para escapar. 
No quiero que cuando pase lo que vaya a pasar mi familia se preocupe por mí.  Que mami y papi se preocupen por ellos y por Vivi, que ella es chiquita y los va a necesitar más que yo.  Dios, quiero estar con ellos cuando eso pase.  No puedes Camila, me voy a ir.  Con la carta ellos sabrán porque me escapé.  Cuando alguien encuentre la carta los va a llamar, pero ya yo habré escapado.
Desde este balcón el pueblo no se ve muy bonito.  Cómo irá a quedar dentro de un mes cuando llegue el fin.  La gente abajo se ve pequeñita, cómo no pueden estar volviéndose locos.  Deja eso Camila, vete.  Pero por si las cosas no salen como quiero, deja quitarme los espejuelos.  Vamos, sin miedo.  Te agarras de la baranda del balcón, cruzas una pierna, con cuidado, ya crucé la otra.  No lo pienses mucho.  Cinco, cuatro, tres, dos, uno.  
 . . .

 Nota: Este es mi cuento preferido de los comienzos de mi producción literaria.  Está basado en una historia real, recuerdo que para 1999 a menudo se repetía en los medios que el mundo se acabaría cuando llegara el nuevo milenio.  Tenía 9 años entonces, iba con mi papá en el carro a hacer unas compras a Cayey, un pueblo vecino al mío, cuando anunciaron en la radio que una joven se había suicidado dejando por escrito que lo había hecho por miedo al fin del mundo por algo que había dicho una supuesta clarividente mediática.  Me dejó una fuerte impresión cómo esa joven había decidido terminar su vida, cómo la clarividente continuó diciendo lo mismo como si nada y cómo la gente seguía prestándole atención aún después de que el nuevo milenio no destruyó al mundo.  Cuando empecé a escribir sabía que esa sería la base para un buen cuento.  Quería publicarlo en el 2012 para que la gente recordara que desde siempre han habido personas incescrupulosas lucrándose con el miedo de los demás, ya que sabía que los medios nos arroparían con noticias sobre el apocalipsis maya.  Decidí esperar porque lo había enviado a algunas revistas, finalmente me publicaron otros cuentos y este fue el único que se quedó sin publicar.  Lo publico hoy cuando ha vuelto a pasar de moda la histeria por el fin del mundo, pero espero que su construcción, así como el personaje y su situación puedan tener valor fuera de esas circunstancias.

2 comentarios:

  1. Apreciado Melvin,
    es verdad que ha desaparecido (hasta la próxima) aquella histeria colectiva. Quizá es el mejor momento para escribir un cuento así.
    Cuentas la historia desde dentro, a través de la protagonista. Es así intimista y directo. Me gusta la insistencia para quitarse los espejuelos (tuve que buscarlo en el diccionario, yo lo llamo gafas...), como una metáfora para dejar de ver lo que se avecina.
    Bienvenido al mundo de la escritura. Me alegra que nos volvamos a leer.
    Un abrazo

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